Ni autoritario ni ligero. Límites firmes, amor certero.

Ni autoritario ni ligero. Límites firmes, amor certero.

Algo que me resulta fascinante es investigar el origen de las palabras. En la mayoría de los casos su etimología me cuenta historias que me permiten comprender de una manera más amplia, ir a la raíz, a la intención primera. Es un proceso de asombro y un juego que me lleva a transformar mi relación con el significado. Eso de muchas maneras termina cambiando mi manera de relacionarme con la palabra; De sentirla.

Cuando pensamos en la palabra límite, en nuestro contexto generalmente evoca una energía de la separación y la fuerza. Y cuando trasladamos el término a la crianza encontramos múltiples posiciones, tendencias que van a favor y muchas otras que van en contra. Quizás los dos extremos impregnados de la misma energía que nos habla de separación y fuerza.

Este artículo tiene la intención de compartir mi forma de interpretar los límites, algo de mi experiencia personal con mi hija de 9 años y mis conclusiones recibiendo coachees por alrededor de 10 años.

Quiero iniciar diciendo que me encantó descubrir que esta palabra encuentra su origen en el latín limes, limitis que traduce ‘sendero entre dos campos’. 

Me resulta increíble pensar el límite cómo un sendero y a su vez me emociona y me hace mucho sentido. Un sendero, es un camino que permite que exista conexión entre dos pueblos pequeños, es un camino angosto que debe ser caminado y que sólo existe en la medida en la que surge la necesidad de conectar esos dos mundos. Hoy pienso que definitivamente, es así. Eso es el límite.

Traduciendo entonces; veamos los límites cómo el sendero que permite un camino de conexión entre padres e hijos. Qué desde mi mirada, lejos de pretender una conquista a la fuerza y de buscar la separación, pretende la unidad. Un sendero que habla del amor y la intención consciente.

Hoy comprendo que la falta de límites que nos muestren el camino nos conduce a la sensación de gran libertad y eso siendo niños, genera descontrol, angustia, caos, y la certeza de estar perdidos y de no saber con claridad a dónde ir. Los límites bien establecidos con el paso del tiempo dejan una huella de amor y la seguridad necesaria para elegir diversos caminos y para iniciar nuevos senderos.

La responsabilidad de construir ese camino nos corresponde a nosotros como padres y no sólo es un regalo para nuestros hijos, si no también para el mundo que nos rodea.

 En mi experiencia creo que el primer paso que di, para transitar ese sendero, inició cuando mi hija era una bebé, y logré establecer horarios y rutinas claras. 

Hoy sé que estás les proveen seguridad y con el tiempo siembran la semilla del hábito. 

Los bebés van creciendo y es entonces cuando algunas rutinas empiezan a tener desafíos. Es en esta etapa alrededor de los 2 a los 3 años que comienzan los límites a pedir tiempo, cualquier carretera para ser construida requiere tiempo.

Los límites con los que vamos a educar a nuestros niños también. Es por eso que son un regalo de presencia. Requieren tiempo para ser explicados, tiempo para que ellos puedan comprenderlos, habitarlos e incorporarlos haciéndolos hábitos que los hagan fuertes. La forma cómo les pongamos los límites determinará nuestra conexión, es importante que estén cargados de amor incondicional, El Límite no es un castigo, ni tampoco una medida extrema que utilizamos cuando ya todo se salió de control. El límite emerge mucho antes y requiere una alta dosis de afecto en la comunicación y mucha escucha. 

En mi opinión los límites no son negociables, ya que en realidad no deben estar pensados para facilitarnos la vida a los adultos, deben ser construidos pensando en que sean un camino para construir autonomía, liderazgo y responsabilidad. Buscando que les ayude a crecer y a construir su propia vida. Se pueden negociar opciones, pero el límite es el límite. Ej: si el límite es que la hora de dormir es a las 8:00 pm, podemos negociar si el ritual esta noche es canción o es cuento y ellos pueden elegir, pero la hora de ir a descansar no se negocia. 

El sendero es la tierra en la que nos encontramos para caminar juntos, luego debemos permitirles caminar su propio camino con la certeza de haber dado lo mejor en el sendero compartido.

Recordemos que somos seres sociales, convivir requiere siempre de otros, y el primer entrenamiento que tendremos para aprender a vivir con otros, es el entrenamiento que nos trae vivir en familia. 

Establecer límites y normas les da a nuestros niños seguridad, se sienten tranquilos y evita que se pierdan en su comportamiento, ayuda a regular sus ritmos y les enseña un camino para relacionarse con otros. 

En la vida misma a lo largo de sus años van a encontrar límites ya que son fundamentales para vivir en sociedad y poder pertenecer a cualquier colectivo. 

Cuando establecemos límites claros y logramos ser consecuentes y firmes estamos en realidad ayudándoles a crear una estructura de personalidad estable, a ser dueños de sí mismos y con certeza estamos creando un mecanismo de protección para evitar conductas de riesgo tanto en la infancia como en la adolescencia. Les estamos entregando una brújula que los acompañará siempre.

Es importante que nos esmeremos por crear límites que sean CLAROS para nuestros niños, REALISTAS y que contemplen sus capacidades, CONSISTENTES en el tiempo y muy COHERENTES con nuestras creencias y modo de vivir ya que somos su ejemplo. Es decir, si tu hijo no puede ver tv, pero en casa el tv siempre está prendido no hay coherencia. 

Nuestros límites enmarcan las reglas fundamentales de cada familia definen los derechos y deberes les brindan la oportunidad de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, comunican los valores y le dan la posibilidad al niño de saber qué esperan de él. 

De cierta forma conforman nuestra primera identidad.

En estos años de consulta he corroborado que cuando los padres no ponemos límites criamos hijos que generalmente caen en conductas en las que abusan o se dejan abusar. Porque la falta de estos genera inseguridad, baja autoestima, dificultad para saber lo que se quiere, desconcentración y dependencia emocional. 

Los invito a decir NO sin miedo. Seguros que cuando ponemos límites con amor, estamos dejando un legado de amor.

 Les comparto un regalo precioso que sugiero leer. Es el libro de Jaime Barylko: Los hijos y los límites. 

¡Espero que disfruten la lectura tanto como yo!

Link: http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/BarylkoJaime-LosHijosYLosLimites.pdf

Gracias por leer 

Paula Andrea Namén 

Mujer, Mamá, Coach.

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